El cambio climático en las políticas de estado y los tribunales del mundo.

Muchos de los cambios observados en el clima no tienen precedentes en miles, sino en cientos de miles de años.

Por Federico G. Zonis.

Director de Justicia Ecológica de Fundación Expoterra


El informe del panel de especialistas en cambio climático vinculado con la Organización de las Naciones Unidas (IPCC) concluyó que los incendios y las lluvias de los últimos tiempos no son cíclicos ni normales.


Es un indicio de que el calentamiento global es un hecho irrefutable; el documento es concluyente sobre la responsabilidad humana. El cambio climático es “la crisis que define nuestra época”, sostiene.


No solo es un cambio drástico en nuestra realidad metereológica, sino que también tiene incidencia en la cotidieneidad de nuestras vidas. Estamos frente a un problema sin precedentes para la humanidad.


Debemos pensar de manera urgente políticas de estado que contengan soluciones ecosistémicas -como la reducción de gases de efecto invernadero- así como también, debemos repensar un núcleo duro de leyes que protejan la naturaleza y que sean fuertemente sostenidas por la justicia en sus sentencias.


En ese camino -en el ámbito judicial- vemos que el Reino de los Países Bajos, por ejemplo, se ha destacado como pionero en la lucha contra el cambio climático.


Dos sentencias dictadas por tribunales neerlandeses, configuran un nuevo hito en la justicia ecológica.


La primera, “Fundación Urgenda” -en el 2019- el máximo tribunal de justicia de Holanda, confirmó dos resoluciones que ordenaban al Gobierno a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero -causantes del calentamiento global- al menos, un 25% para finales de 2020 respecto a los niveles de 1990.


La segunda -mas cerca en el tiempo- este año la decisión en “SHELL” donde un tribunal de La Haya acusó a esta empresa de no hacer lo suficiente para alinearse con el Acuerdo de París de lucha contra el cambio climático y la obligó a reducir sus emisiones para el 2030.


Estos fallos, son producto del Acuerdo de París -de fecha 12/12/2015 COP21- cuyo objeto fundamental es fijar las bases técnico jurídicas para la lucha contra el Cambio Climático y que, a la fecha, rige para 189 países que lo aprobaron, sobre un total de 195 que lo firmaron.


En ese contexto, otro hito judicial que conmovió a especialistas y juristas de todo el mundo, sucedió el 29/04/2021 cuando el Tribunal Constitucional alemán, afirmó que la ley de su país no violaba en sí misma los derechos de las generaciones futuras, pero que no incluía disposiciones suficientes para protegerlos.


Sostuvo que la ley de protección climática de Alemania no es lo suficientemente amplia y ordenó al gobierno que tiene hasta fines del próximo año para establecer los objetivos de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero después de 2030.


En relación a los avances de la política internacional, podemos leer el último informe del Climate Action Tracker (CAT) difundido en la CNN.


Este grupo de científicos independientes que se encarga de rastrear la acción climática de los gobiernos y la compara con el Acuerdo de París, nos presenta un mensaje alarmante.


Afirma que ninguna de las principales economías del mundo -incluido todo el G20-tiene un plan climático que cumpla con sus obligaciones en virtud de la COP21, a pesar de la advertencia de los científicos de que ahora se necesitan recortes profundos en las emisiones de gases de efecto invernadero.


El CAT analizó las políticas de 36 países, así como en la Unión Europea (de 27 naciones) y descubrió que ninguna estaba en vías de contener el calentamiento global a 1,5 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales.


Esos datos nos generan preocupación, en tanto los científicos han dicho que 2 grados es un umbral crítico para algunos de los ecosistemas de la Tierra y es uno que también desencadenaría eventos climáticos extremos más catastróficos.


Finalmente, la prestigiosa revista científica NATURE publicó un paper que analiza la reunión en Glasgow -Reino Unido- (COP26) que se encargará de tratar la creciente problemática del cambio climático.


Describe una situación que hace un tiempo hubiera sido impensada, ya que la Climate Action Network-International (CAN) -que representa a más de 1.500 grupos ambientalistas a nivel global- dió alarma sobre esta COP26 y pidió que se retrase por preocupaciones de equidad, en tanto las restricciones pandémicas de COVID-19 podrían impedir que las naciones más pobres del mundo participen plenamente.


Por otro lado, muchos países en desarrollo dicen que retrasar la cumbre podría tener consecuencias peligrosas para el planeta y quieren seguir adelante.


El artículo afirma que los organizadores han respondido al llamado de aplazamiento con concesiones destinadas a permitir una amplia participación. Los funcionarios de ese país dijeron que las vacunas COVID-19 ahora se están enviando a las delegaciones que no tienen acceso a ellas, y que las primeras inyecciones comenzarán en unos días.


Mas allá de este planteo, se espera que los 196 gobiernos que participan en la cumbre de este año formalicen una nueva ronda de compromisos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un esfuerzo por limitar el clima extremo que actualmente azota a los países de todo el mundo.


Concluye que, la celebración de una cumbre climática global que atrae a miles de personas de todo el mundo, presenta importantes desafíos logísticos, particularmente en medio de una pandemia.


Como corolario de estas breves líneas, estamos en condiciones de afirmar que son tiempos de acción; política y judicial.

Sentencias paradigmáticas y cumbres del clima, son absolutamente necesarias.


Estamos empapados de una realidad que asusta pero que no debe llevarnos a la resignación.


Como describe el informe del IPCC, las acciones humanas todavía pueden determinar el curso futuro del clima.


Hoy mas que nunca, el destino está en nuestras manos.

La próxima década es decisiva, los gobiernos y tribunales de todo el mundo tienen una enorme responsabilidad por delante.