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    Entró en vigor el Acuerdo de París, el arma global contra el cambio climático

    08 | 11 | 2016

    En un texto conjunto con el canciller marroquí y presidente de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP 22) Salaheddine Mezouar, coincidió en que esta fecha será recordada como la que el mundo “comenzó con determinación a caminar hacia un futuro sostenible”.

    Un total de 96 países, que representan algo más de dos tercios de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, se han unido formalmente hasta ahora al Acuerdo, que busca limitar el calentamiento global a 2 grados centígrados. Se espera que más países se sumen.

    El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, celebró el hecho. “Este es un momento emotivo para mí, es un reconocimiento para todos ustedes y es histórico para el mundo”, dijo Ban en su discurso. Además elogió a las organizaciones que han impulsado el cambio climático, pero advirtió que el resultado sigue siendo incierto.

    “Seguimos en una carrera contra el tiempo. Necesitamos una transición hacia un futuro con bajos niveles de emisiones y resistente al cambio climático”, añadió Ban.

    La ONU advirtió  que el planeta debe reducir “de manera urgente y radical” sus emisiones de GEI si quiere evitar una “tragedia humana”.

    “Es importante mantener la dinámica de París y no limitarse a congratularse por su mera entrada en vigor”, advirtió Alden Meyer, experto en cambio climático.

    Los negociadores todavía tienen trabajo por delante ya que el texto acordado por consenso en París tiene muchas imprecisiones que deben ser aclaradas. “La COP22 debe ser una conferencia de acción y puesta en práctica”, señaló Tosi Mpanu-Mpanu, vocera del grupo de países en desarrollo.

    En la agenda se encuentran la definición de las reglas de transparencia entre los Estados, el incremento de la ayuda financiera a los países en desarrollo, la ayuda técnica para construir políticas de desarrollo “limpias” y la presentación de metas nacionales hacia 2050.

    “Lo más importante que estará en juego en Marrakech es ponerse de acuerdo sobre una fecha límite para decidir las reglas de aplicación del acuerdo, especialmente las reglas de transparencia”, estimó Laurence Tubiana, la negociadora francesa.

    Destinado a sustituir en 2020 el Protocolo de Kyoto, el acuerdo busca “mantener la temperatura media mundial por debajo de 2°C” sobre los niveles preindustriales.

    No obstante, el texto afirma que los países se comprometen a llevar a cabo “todos los esfuerzos necesarios” para que no se rebasen los 1,5°C y evitar “los impactos más catastróficos del cambio climático”.

    El acuerdo adoptado el 12 de diciembre pasado en la capital francesa por los 195 países signatarios de la Convención Marco de la ONU sobre cambio climático, hizo coincidir por primera vez a los países que más contaminan y a los más vulnerables.

    El Protocolo de Kyoto de 1997 estableció objetivos de emisiones sólo para países desarrollados, una de las razones por las que Estados Unidos decidió no participar en ese pacto, vigente desde 2005.

    El Acuerdo de París es legalmente vinculante en su conjunto. Pero no lo es en parte de su desarrollo y tampoco en los objetivos nacionales de reducción de emisiones. Sin embargo, su fuerza reside en el mecanismo con el que periódicamente deben revisarse los compromisos de cada país, que sí es jurídicamente vinculante.

    En efecto, cada Estado está obligado a rendir cuentas de su cumplimiento y a renovar sus contribuciones cada cinco años. La primera revisión de las contribuciones tendrá lugar en 2018 y la primera actualización de éstas en 2020. “Cada país debe hacer más, no se puede esperar a 2025 o 2030”, advirtió Tubiana, que como otros expertos aboga por objetivos nacionales más ambiciosos de aquí a 2020.

    El acuerdo no establece sanciones por incumplimiento, pero sí fija un comité que diseñe un mecanismo transparente para garantizar que se cumplan los compromisos adquiridos. Además, los países se comprometen a conseguir “un equilibrio entre los gases emitidos y los que pueden ser absorbidos” en la segunda mitad de siglo, es decir, no pueden producir más emisiones que las que el planeta pueda absorber.

    En cuanto a la financiación, el acuerdo obliga a los países desarrollados a contribuir a financiar la mitigación y la adaptación en los países en vías de desarrollo, y anima a los Estados que estén en condiciones económicas de contribuir a que efectúen aportaciones voluntarias.

     

    Fuentes:

    • La Nación
    • Noticias ambientales

     

    
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